GTD: Desde los 15.000 metros

Es muy difícil concebir un plan de largo alcance que defina las líneas rectoras de nuestra vida. En mi anterior post hablaba de concreción a la hora de definir unos objetivos a largo plazo. Me expresé mal, hablaba más bien de objetivos realistas (gracias por el apunte Miguel), no embarcarse en algo totalmente imposible, o al menos con lo que no podamos comprometernos de forma permanente. El nivel de perspectiva a 15.000 metros es algo que va más allá de acciones proyectos y metas a alcanzar, definimos nuestra forma de ser. Si GTD es un sistema orientado a los resultados, podemos decir que el nivel más alto de perspectiva es una elección del sueño que queremos materializar en algo tangible a través de la acción.

Imagen vía cesarastudillo bajo licencia Creative Commons

¿Por qué es tan difícil definir unos objetivos vitales como lo hacemos con las metas a corto plazo?

Dejemos de lado la poesía. Cuando definimos las acciones de un proyecto podemos errar en concretar una o dos, cuando nos damos cuenta corregiremos el paso y evitamos que la desviación nos aleje del resultado. A medida que vamos subiendo en los niveles de perspectiva, las metas que nos marcamos pasan de ser objetivos concretos a puntos de referencia. Una forma para visualizar una meta al final del camino, para motivarnos. Por ejemplo, si una de mis metas a 3-5 años es convertirme en un ingeniero de software, tendré que:

  • Complementar mis estudios con formación de postgrado.
  • Confirmar mis conocimientos técnicos con certificaciones técnicas ofrecidas por empresas proveedoras de tecnología (Microsoft, Oracle, SAP …)
  • Adquirir experiencia ocupando un nuevo rol en mi empresa, o buscar un nuevo puesto de trabajo que me lo ofrezca.

Para alcanzar esta meta tendré que invertir tiempo, esfuerzo y dinero. Pueden pasar años, un tiempo en el que otros factores de mi vida, personales, económicos…, o simplemente la aparición de otras prioridades, pueden modificar sustancialmente mi meta finalQue me decís de todos los profesionales que dejan de lado ciertas ambiciones personales cuando llegan los hijos… Estamos hablando de objetivos a 3-5 años, intenta extrapolar esto a toda una vida.

¿En qué momento debo hacerlo?

Siempre podemos introducir cambios radicales en nuestra vida, un nuevo trabajo que requiera cambio de residencia, cambio de pareja, de sector laboral…Un cambio puede sacarnos de una situación de estancamiento, pero no deben representar un contratiempo que deshaga nuestra gran estrategia. Como he dicho al principio, los objetivos a largo plazo quieren compromiso.

No creo que haya nadie capaz de sentarse ante una hoja en blanco y diseñar un plan vital que la acompañe a lo largo de su vida sin sufrir variaciones de consideración. Todos vivimos momentos clave donde tomamos decisiones que nos marcan profundamente, durante los estudios al escoger nuestro camino profesional, en ciertos momentos de nuestra vida profesional cuando asumimos responsabilidades importantes o nos decidimos a emprender un negocio, en la personal al buscar pareja o en decidir cuándo tenemos hijos… Situaciones en las que abrimos unas puertas, pero en las que cerramos muchas otras. Es en este punto cuando hemos de valorar nuestras metas a 15.000 metros para evitar que ninguno de nuestros puntos caiga de la lista.

Hace falta madurez, la capacidad para valorar lo que tenemos actualmente y para prever el alcance de una decisión de gran calado. Cada vez que tomamos una, nos enfocamos hacia unos objetivos que pueden no coincidir con nuestra valoración inicial. La cuestión es si las nuevas metas compensan lo que dejamos atrás.

En resumen, creo que lo más sensato es intentar diseñar un plan a largo plazo para las diferentes áreas de nuestra vida, personal, profesional… de forma gradual. A medida que avanzamos, en diferentes momentos de nuestra vida, planificaremos a medio-largo plazo diversas áreas, incorporando metas al nivel de perspectiva más alto de GTD.

¿Cómo diseñar una hoja de ruta ‘vital’?

Como comentaba en el punto anterior es muy complejo pensar en más de 5 años vista, imaginaros un estudiante que empieza la universidad y que planifica su futuro profesional. Puede decidir a qué cargo quiere aspirar, o qué rol quiere realizar algún día junto a lo que le hace falta para llegar:

  • ¿Qué formación?: Carrera universitaria, formación de postgrado, dominio de herramientas específicas.
  • ¿Qué habilidades debe mejorar?: Comunicación, inteligencia emocional, empatía, adaptación al cambio, aprender a negociar, resolución de conflictos …
  • Experiencia que debe adquirir: Lugares a ocupar hasta llegar al rol deseado, cómo desarrollar las calidad de liderazgo, organización de equipos…

Cada uno de los puntos de esta lista configura diferentes ramas de un árbol que a su vez se bifurcan en hitos en 3-5 años (12.000 metros), estas a 1 o 2 años (9000 metros) y configuran varias de nuestras áreas de responsabilidad…  …Hasta llegar a los proyectos y las acciones, el punto en que empezamos a caminar, a HACER.

Es muy difícil traducir a palabras comprensibles el concepto ‘proyecto vital’. He intentado valerme de mi experiencia a la hora de mirar por encima del muro que forman las responsabilidades y las tareas que tenemos entre manos, aunque he de confesar que se trata de una experiencia incompleta, ya que muchos de mis planes a largo plazo todavía están en progreso. Y vosotros, planificáis a largo plazo, habéis decidido vuestros planes a los niveles más altos de GTD? Comparte tu experiencia a través de un comentario.

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  • Joaquin Bresan

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