Cómo mantener el compromiso con tu proceso de cambio

El compromiso no surge sólo de la obligación o la motivación. Puede crearse y mantenerse Clic para tuitear

Compromiso es una de esas palabras grandilocuentes que al pronunciarla te llena la boca. Causa impacto tanto en uno mismo como en los demás, pero demasiadas veces hacemos uso sin ser consiguientes.

Un compromiso es la promesa de satisfacer una obligación o la palabra dada. Una imposición por parte de terceras o en el caso de la mejora personal, por uno mismo.

No es sexy. Es un concepto que relacionamos con el trabajo duro y la persistencia para alcanzar una meta. No es algo que apetezca si uno no está especialmente motivado con el fin en cuestión y aún así si lo que nos ocupa se prolonga en exceso esa motivación se resentirá.

El proceso de cambio

Hago referencia al cambio como un proceso largo en el que partimos de un punto A hacia un punto B, donde a es el estado actual y B es el estado que queremos alcanzar. Cuando hablo de cambio pensando en eficacia personal me refiero tanto a un cambio de comportamiento (hábitos) o en la consecución de un gran proyecto u objetivo.

En todos los casos se trata de un camino que más o menos podemos definir anticipando las acciones que llevaremos a cabo, al menos las más inmediatas.

En el caso de los hábitos el cambio de pautas vitales crea fricción y desgaste, en los grandes proyectos y objetivos debemos sumar su duración como un factor de erosión y si se trata de dar un giro importante en nuestra vida, el desplazamiento fuera de la zona de confort crea un cóctel perfecto para propiciar el abandono del hito perseguido.

Puede no ser una rendición oficial, puede venir en forma de “tomarse un descanso” para volver a ello más adelante o para reflexionar sobre todo lo que estás viviendo. Interponer inacción y desconexión de la actividad llevada a cabo rebaja el rango de importancia del asunto. De prioridad a tema pendiente. ¿Verdad que no es lo mismo?

Motivación y superación

El compromiso se adquiere a medida que se hace camino hacia cada una de las metas. Desarrollar el proceso de cambio, avanzar en la ejecución del objetivo, aumenta el compromiso en sí mismo. Pero sin compromiso cuesta seguir adelante en los momentos difíciles. Es un pez que se muerde la cola.

Superar los problemas rutinarios y los imprevistos también ayuda a afianzarlo. Es una retroalimentación constante en que el compromiso nos ayuda a afrontar los problemas planteados y crece al superarlos.

Alimentar tu compromiso

Podríamos pensar que el compromiso es algo creado a través de la motivación y la propia inercia de los acontecimientos. Es una visión incompleta y peligrosa. ¿Qué pasa si decae la motivación o disminuye el sentimiento de obligación que nos empuja? ¿Dejamos de perseguir la meta sin más?

El individuo puede intervenir en el proceso mejorando la calidad del vínculo entre él y el proyecto que le ocupa. Algunos de los puntos clave son un cambios de actitud para mejorar la calidad de tu actividad:

Crear un vínculo con lo que uno quiere

Un vínculo entre la meta que perseguimos y nosotros, explorando el propósito real que nos empuja. Huyendo de porqués superficiales y buscando la motivación real. Creando una visión de éxito a través de técnicas de visualización como las que nos ofrece la PNL.

Alejarse del pensamiento mágico

Entender que querer no es poder o que la fuerza de voluntad por sí sola no resuelve las acciones de tu lista de próximas acciones. El trabajo duro es necesario y a menudo afrontar decisiones difíciles como por ejemplo elegir que dejar de lado o asumir cambios en el estilo de vida para conseguir aquello que uno desea …

Un gran objetivo, con pequeñas metas

Asumir un gran objetivo nos motiva en su inicio. Si lo afrontamos como una maratón donde la meta está a 42 kilómetros es probable que no la crucemos nunca.

Definir varios tramos más asumibles donde el vencimiento sea visible desde la misma línea de salida asegurará un gran número de momentos de satisfacción, más pequeños pero igual de necesarios para mantener “el vínculo” creado con la gran meta.

Establecer procesos de revisión

Establecer un proceso de revisión continuado donde realizamos  en una revisión semanal para elegir en qué actividades relacionadas con la meta trabajamos durante los próximos 7 días. Realizar una revisión mensual para hacer un seguimiento del proceso y pensar en las nuevas metas parciales del próximo mes o en las correcciones a realizar.

Cambiar el rumbo

La revisión mensual es clave para evaluar el proceso de cambio y realizar correcciones si es necesario. Renegociar la actividad y reajustar las metas parciales y si cambian las circunstancias incluso la meta final.

Por eso hay que saber interpretar el entorno y las necesidades, comprendiendo que un objetivo puede ser dinámico. Partimos de A para alcanzar B pero hemos terminado en C.

A veces el punto de llegada no es lo que pensábamos. Quizá ese punto C es lo que necesitamos en ese momento esas necesidades son distintas a las que teníamos en el punto de partida.

Ser un sujeto de cambio implica tomar el timón a través de una actitud proactiva, marcando de cerca la realidad e interviniendo cuando haga falta para mejorarla. Confrontar los problemas y encontrar soluciones o si no es posible crear situaciones con las que nos sintamos a gusto.

Los pasos expuestos en la última parte del artículo quieren ayudarte a convertirte en protagonista de tu actividad y mostrarte cómo mantener el compromiso con lo que es importante para ti, ya sea en forma de proyecto, objetivo o hábito.

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