Cuando una oportunidad se convierte en problema


Oportunidades, gestionando el cambio

Una oportunidad es un cambio a mejor visto de forma amable, siempre que nos mantenga dentro de nuestra zona de confort. Gestionar una situación presentada sin aviso y preparación previa puede ser estresante, obligándonos a recalibrar actividades y compromisos. Nada que no sea alcanzable con los métodos convencionales para mantener el control, aún así trastoca nuestra rutina y nos empuja a la reflexión.

La oportunidad se convierte en problema en el momento que nos sitúa en una zona de penumbra, desconocida a priori. En dicho caso, visualizamos de inmediato su parte negativa ya que a menudo suele ser la más evidente. Más allá de lo que no queremos hacer, por falta de ganas o conocimiento, emergen los miedos a cambiar nuestro estilo de vida. Nos agarramos a cualquier factor de la vertiente negativa para reforzar el rechazo.

Tengo mujer y dos hijos, como quieres que me traslade de Barcelona a Madrid para hacerme cargo de este proyecto. No me compensa lo suficiente, prefiero quedarme como estoy. ¿Me comprendes, verdad?

Perspectiva y visión de futuro

El tema se agrava si no disponemos de una visión de futuro, o de unos principios que guíen nuestra trayectoria , tanto profesional como personal. No saber cuáles son tus prioridades a medio-largo plazo sin disponer de objetivos a años vista hace que se confunda oportunidad con un imprevisto inoportuno, y que acabe descartando por no tener que asumir unos supuestos costes de transición.

La integración del diseño de nuestra carrera en el sistema de productividad personal es indispensable para evitar la precipitación y las conductas erráticas en este tipo de situaciones.

Si por el contrario se trata de un input no integrado en tu cadena de consecución hitos, algo que difiere como un proyecto empresarial atractivo, o un cambio radical en tu vida personal, debemos apoyarnos en nuestro propósito y valores. Si creemos que no difiere de nuestros valores, que es integrable en nuestro propósito o que puede suponer un punto y aparte asumible, podemos dejar de percibir la situación creada como un problema.

Se necesitan grandes dosis de madurez, de reflexión, de trabajo previo ordenado prioridades, objetivos y visión, para crear un soporte sólido a usar en estos casos.

Proactividad como factor de transformación

Existe un problema de fondo en no vernos como protagonistas de nuestras propias circunstancias. Nos resulta mucho más cómodo mantener una posición pasiva, siempre a la expectativa de lo que ocurrirá , gestionando el día a día sin preocuparnos excesivamente de la visión estratégica.

Disfrutamos de la comodidad del control de los temas ordinarios sin hacer frente a decisiones a largo plazo que sin ser evidentes, pueden acabar convirtiéndose en un problema si no las mantenemos en nuestro horizonte de perspectiva:

“¿Ahorrar? Porque necesito un plan de ahorro. Cada mes me queda algo de lo que gano, no entiendo porque hacerlo de forma sistematizada.” El día que se te presente la oportunidad de crear tu propio negocio, de ampliar conocimientos con un master, o iniciar una vida en común con otra persona me lo cuentas.

Mantenerse proactivo permite articular las acciones pertinentes para no permitir que un tema pendiente se convierta en un problema. Cambiamos nuestra forma de actuar y prestar atención a lo importante, al mismo tiempo que cambiamos la predisposición ante situaciones imprevistas que pueden aportar algo. Vamos de la queja y la actitud reactiva a una posición más funcional y ajustada a la realidad .

No me gusta hablar de perdedores – quizás porque sigo siendo un bienintencionado – pero muchas veces actuamos con resignación y un falso pragmatismo que sólo nos sirve para cambiar una malentendida sensación de comodidad. Preocuparnos de ciertas cuestiones nos facilitará la resolución de futuros conflictos y lejos de ser una nueva fuente de actividad o de preocupación, puede convertirse en una vía de aprendizaje y crecimiento .

Es una situación que cuando se presenta remueve y crea malestar, nos obliga a confrontarnos con miedos, dudas y preocupaciones. Cuesta entender si no se vive en primera persona una situación como la descrita, quizás la más corriente es la oferta para un cambio de trabajo donde canjeas un entorno conocido y estable para algo nuevo , mejor remunerado y motivador , ¿Qué has hecho ? ¿Has cambiado sin pensarlo? ¿Ha razonado pros y contras? ¿Te has agarrado a alguna de las razones en contra como excusa?

Imagen vía Mohammed Alnaser bajo licencia Creative Commons



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  • David Sánchez

    Creo que es complicado que una oportunidad se convierta en un problema, aunque es posible sin duda. Como dices, la proactividad y nuestro papel como responsables de las circunstancias en las que estamos o, mejor dicho, que hemos provocado es clave.

    Un saludo!